¿Tu trabajo te «quema»?

¿Tu trabajo te «quema»?

En el mundo actual en el que vivimos, una de las grandes lacras a las que nos enfrentamos es el estrés.

Pero ese estrés, sobretodo cuando nos referimos al mundo laboral, termina en un grave síndrome denominado burnout.

Si tenemos en cuenta la cantidad de horas que dedicamos al trabajo, nos damos cuenta de la enorme exposición a la que estamos sometidos. Con el tiempo este estrés se va agravando hasta que ya no podemos soportarlo más y es cuando entra en juego el síndrome del burnout o síndrome del quemado.

¿Te sientes quemado en tu trabajo? ¿No puedes dedicar a tu familia el tiempo que quisieras? ¿Tienes tiempo para ti? ¿Estás sometido a una enorme presión debido a la competitividad? ¿No has alcanzado el éxito que pretendías o que los demás esperaban de ti? ¿Has llegado donde querías y ahora te das cuenta que no valía la pena el esfuerzo realizado?

Si te identificas con cualquiera de estas situaciones, sigue leyendo porque esto te interesa.

Mientras lees esto, te das cuenta que tú también te sientes así, que estás quemado.

Pero ¿qué ocurre con las mujeres? Todavía lo tienen peor,ya que se encuentran sometidas a una mayor presión, ya que tienen que competir con los hombres, con más esfuerzo si cabe, para poder alcanzar los mismos objetivos. Además encuentran más dificultades a la hora de poder compaginar su vida profesional con su vida personal y familiar.

Esto provoca en nosotros y más aún en las mujeres, sentimientos de miedo, inseguridad, angustia y timidez. Te encuentras en una situación en la que nada te satisface, no te aporta valor y, poco a poco, vas cayendo en una espiral descendente hasta que te encuentras «quemado».

Nuestra vida profesional, debido a las mayores exigencias con las que nos encontramos día a día, nos lleva a vivir un continuo estado de estrés que nos va debilitando poco a poco. Pero si a esto le sumamos la presión que nos ejerce el resto de aspectos de nuestra vida, caemos al final irremediablemente en este síndrome.

Fundamentalmente, podemos encontrarlos en mujeres de entre veinte y treinta años, sometidas a la gran presión de la competitividad y la exigencia continua, que han luchado terriblemente por conseguir sus sueños a nivel profesional y no han podido lograrlo, o bien, si lo han logrado, han tenido que realizar grandes sacrificios para nada.

Pero si analizamos esto en profundidad, nos damos cuenta que podemos llegar donde nos propongamos. Pero en el momento empezamos a ponernos límites, nuestros resultados también se ven limitados. Esto es lo que ocurre fundamentalmente en las mujeres. La cantidad de creencias limitantes a las que están sometidas, son las verdaderas culpables de su «fracaso».

Las distintas etapas por las que atraviesan las mujeres en su carrera profesional, difieren un poco de la de los hombres, ya que las mujeres deben enfrentarse a la maternidad, que dificulta mucho su equilibrio personal-profesional.

Es por ello, que al llegar a los cuarenta, muchas mujeres se hacen conscientes del tiempo que han perdido dedicando tan grandes esfuerzos a un trabajo que no las hace felices y descuidando su vida personal hasta el punto de encontrarse en un momento de caos.

¿Qué hacer entonces?

La mejor manera de prevenir este síndrome desde el principio, es tener las ideas muy claras desde el principio y no aspirar a cosas que sabemos que no nos van a hacer felices, sólo porque sea lo que se espera de nosotros.

Debemos trabajar en nuestras limitaciones y dejar de un lado presiones externas y comentarios como tú no puedes conseguirlo, eso no es para mujeres, etc.

Debes tener muy claro si tus aspiraciones son profesionales exclusivamente, personales, o bien la perfecta conciliación entre ambas.

Una vez elijas, enfócate en conseguir objetivos en las diferentes áreas, teniendo muy en cuenta cómo debes hacer para que se encuentren en equilibrio.

Para ello revisa:

[list type=»check»]

  • Tus valores
  • Tus creencias
  • Tus fortalezas
  • Tus emociones
  • Tus hábitos

[/list]

Trabajando con todos ellos de una manera ordenada, conseguirás plantearte tus objetivos y trazar los planes de acción necesarios para conseguirlo. Y olvídate de todo lo que puedan decirte. Tu vida es tuya y eres tú quien decide en ella.

No sean otra persona «quemada» y toma las riendas de tu vida para ser feliz.

Si te identificas con las personas afectadas por este síndrome, no sufras. Todavía estás a tiempo.

[bctt tweet=»Tu vida es tuya y eres tú quien decide en ella»]

A través del coaching, de manera personalizada, trabajaremos juntos para superar esta situación y encauzar de nuevo tu vida, hacia una felicidad que te mereces. Tu vida cambiará y ya nunca volverá a ser igual.

Espero tus comentarios a este artículo y te animo a contactar conmigo a través del formulario de contacto para plantearme cualquier duda que pueda surgirte.

Gracias por leerme, gracias por estar ahí.

Francisco

F. J. Comes

Coach, conferenciante, formador y autor. Me gusta definirme como "Arquitecto de Sueños". Ayudo a las personas a diseñar sus sueños y guiarles en su camino para hacerlos realidad, a nivel personal y profesional.

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Muy buen artículo Francisco,

    Es cierto que cada vez más a menudo hay personas quemadas por su trabajo, a pesar de que hoy más que nunca tenemos infinidad de oportunidades…
    También lo es que la mujer tiene aún la peor parte, pero como tu bien dices todo es susceptible de cambio. Sólo hay que querer y trabajar con esfuerzo y compromiso para ello, y si hace falta con la ayuda de un buen profesional 🙂
    Por añadir algo más, para la reducción del estrés es ideal trabajar con Mindfulness. A mi me vino genial y se lo recomiendo a todo el mundo que esté en una situación de estrés continuo.
    Un abrazo!

    1. Muchas gracias Álvaro, tus comentarios siempre son bien recibidos.

      Tienes toda la razón. El Mindfulness es una excelente técnica para el control del estrés y para conocerse mejor uno mismo. Te ayuda a conectar contigo mismo y a obtener recursos que nos ayuden en nuestro día a día.

      Un fuerte abrazo.

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